Junto a la casa hay un jardín muy bueno para jugar a los escondidos. Los setos hacen un túnel oscuro entre la cerca del patio grande y la pared. Si sigues por ese camino puedes llegar a un limonero florecido con orquídeas moradas, salidas de la enredadera que lo ahoga. Un breve pasillo entre los romerillos y el llantén sigue hasta la mata de mandarinas chinas, el de la izquierda. El de la derecha, mucho más estrecho hasta el punto de ser casi invisible lleva hasta la mata de cerezas y la espesa sombra debajo.
La hiedra cubre totalmente, como a un castillo encantado, la estructura de concreto de una letrina devenida trastero, donde una vez encontré tres pelotas de goma y a ratos me besuqueaba con T, que sabía dulce. Cola con vino, decía ella que era ese sabor, su padrastro se la dejaba tomar.
Si quieres llegar al árbol de mamey, que desde la calle parece un dragón, tienes que saltar entre la maleza, cuidando no llenar las medias de guizazos y pelusas de llantén. Hasta allá en lo oscuro no llegan los trillos, pero sí los cocuyos y las musarañas. Las cajas de los conejos están a la izquierda del limonero, antes de llegar al arbusto de mandarinas; por la noche siempre están dormidos.
Fantasmilandia es un lugar precioso
sobre todo de noche, cuando salen las musarañas moradas