La verdadera Habana de lo eterno se nos hace necesaria. A veces vagar desde el Tun hasta el Sauce pasando por eventuales Submarinos, Baleares y teatros de siempre se me hace tristemente insuficiente.
[tún] [amigos] [futuro] [ciudad]
La verdadera Habana de lo eterno se nos hace necesaria. A veces vagar desde el Tun hasta el Sauce pasando por eventuales Submarinos, Baleares y teatros de siempre se me hace tristemente insuficiente.
[tún] [amigos] [futuro] [ciudad]
“La persona que toma lo banal y lo ordinario y lo ilumina de una nueva forma puede aterrorizar. No deseamos que nuestras ideas sean cambiadas. Nos sentimos amenazados por tales demandas. «¡Ya conocemos las cosas importantes!», decimos. Luego aparece el Cambiador y echa a un lado todas nuestras ideas.”
Corolario Zensunni
…no hay nada como embarrar de tinta papeles con destinatario. Aunque terminen todos en el fondo de un baúl sin conexión SMTP.
La tecnología, en común con muchas otras actividades, tiende a evitar los riesgos a los inversores. La incertidumbre es eliminada siempre que resulta posible. Las inversiones de capital siguen esta regla, puesto que la gente prefiere en general lo predecible. Pocos reconocen lo destructivo que puede llegar a ser esto, cómo impone severos límites sobre la variabilidad, y hace así a poblaciones enteras fatalmente vulnerables a las impresionantes maneras en que nuestro universo puede arrojar los dados.
–Evaluación de Ix, Archivos de la Bene Gesserit
Junto a la casa hay un jardín muy bueno para jugar a los escondidos. Los setos hacen un túnel oscuro entre la cerca del patio grande y la pared. Si sigues por ese camino puedes llegar a un limonero florecido con orquídeas moradas, salidas de la enredadera que lo ahoga. Un breve pasillo entre los romerillos y el llantén sigue hasta la mata de mandarinas chinas, el de la izquierda. El de la derecha, mucho más estrecho hasta el punto de ser casi invisible lleva hasta la mata de cerezas y la espesa sombra debajo.
La hiedra cubre totalmente, como a un castillo encantado, la estructura de concreto de una letrina devenida trastero, donde una vez encontré tres pelotas de goma y a ratos me besuqueaba con T, que sabía dulce. Cola con vino, decía ella que era ese sabor, su padrastro se la dejaba tomar.
Si quieres llegar al árbol de mamey, que desde la calle parece un dragón, tienes que saltar entre la maleza, cuidando no llenar las medias de guizazos y pelusas de llantén. Hasta allá en lo oscuro no llegan los trillos, pero sí los cocuyos y las musarañas. Las cajas de los conejos están a la izquierda del limonero, antes de llegar al arbusto de mandarinas; por la noche siempre están dormidos.
Tengo una musa nueva
Todavía no sé si es particular o estatal, pero que más dá compartir
Si le gusta la poesía de Wichy (sería bueno)
Si puede disfrutar de una película parisina que no sea asterix y obelix
Si entienda de starcraft
Si se queda o si se va (no junto a mi, no voy de pretencioso,
en la habana, en cuba digo)
(Aún no me he sentado en el malecón con ella, al menos no en una parte que no salpique)
Es bueno, es bueno tenerla, aunque odie a Drexler

Algunas veces te levantas y en dias ves una musaraña. Las extrañas en la cuesta arriba que consume tu energía hasta la parada de la guagua, entre los botones de acción de las ventanas durante las horas interminables de trabajo en la PC, mientras haces planes de escapadas a cualquier sitio con cualquiera, en el fondo de los vasitos plásticos del café.
Esa abstinencia llega a hacer variar tu ritmo cardiaco, disminuye entonces la cantidad de azúcar que viaja junto a los eritrocitos y tu vista se hace más cansada, como si doliera mirar las cosas luminosas. Piensas lento y conservadoramente.
Es ahí cuando llegas una tarde a la casa más temprano, a la hora en que no hay nadie, y oyes un aleteo moribundo, un entrechocar de polvos de mariposas disueltas saliendo de detras de alguna puerta olvidada que empujas para ver decenas de musarañas, grises ya todas, muertas en el piso.